AGUSTINA FRONTERA ENTREVISTA A NORMA SANCHÍS
En esta nota para LatFem, Norma cuenta sobre sus comienzos en el feminismo, el exilio, el regreso a una Argentina en democracia que empezaba a planificar políticas de género, su trabajo con las cuidadoras comunitarias y reflexiona sobre el presente de los feminismos en épocas de avanzada neoliberal.

Por Agustina Paz Frontera.
Fotos: Sol Avena
La pandemia aterrorizó a las poblaciones de los barrios populares, pero en esa pesadilla se fortaleció el entramado barrial liderado por mujeres que trabajan cuidando a su comunidad. La Asociación Civil Lola Mora estudió durante dos años los cuidados comunitarios en diversos territorios de Argentina y produjo información muy valiosa. LatFem conversó con Norma Sanchís, coordinadora general de Lola Mora, sobre la actualidad de la organización de las mujeres en los barrios populares de la Argentina, sobre la situación del campo feminista en un contexto de derechización global y sobre los motivos para sostener una dosis de optimismo lúcido.
La lucidez no suele acompañarse de optimismo, pero cuando ocurre es posible sostener una idea durante más de 50 años. Desde que “se hizo feminista” en el exilio, Norma Sanchís está rodeada de los mismos conceptos. Tenía 27 años cuando en 1977 juntó sus cosas, se fue de Buenos Aires y se refugió en Ecuador. Desde allí pudo ver el crecimiento de las organizaciones comunitarias de mujeres en los barrios de Ecuador y Perú y participar de los debates y encuentros feministas que continúan hasta hoy. Estuvo en el primer Encuentro de Feministas de Latinoamérica y el Caribe (EFLAC, en Bogotá, 1981), vivió activamente los debates de las transiciones democráticas y la ilusión de una nueva cultura política con la participación de las mujeres en ese renovado mundo. Integró experiencias intelectuales feministas, como la revista Unidas, y fue coautora del primer libro sobre el Partido Peronista Femenino, publicado en 1988. Cuando regresó del exilio se integró a la Subsecretaría Nacional de la Mujer (la primera entidad estatal en Argentina dedicada a la temática de género), luego al Consejo Provincial de Mujeres en la provincia de Buenos Aires y el Consejo Nacional fundado en 1992, donde tuvo a su cargo la Dirección Nacional de Relaciones con la Comunidad. Viajó a la famosa conferencia de Beijing en 1995 y participó de los intensos debates y acciones del Foro Social Mundial a principios de los 2000, cuando un nuevo rulo de esperanza inundó los ánimos de los y las militantes de izquierdas. Nunca dejó de participar de los encuentros feministas y de proponer nuevos, como lo hizo los últimos 20 años, donde investiga desde los flujos financieros hasta los comedores comunitarios o los sistemas impositivos, apostando a encontrarle la vuelta una y otra vez hasta que lo que esté en el centro no sea el dinero sino la vida.
Norma Sanchís es una rara avis del feminismo que viene de lejos, pero su mirada sobre el presente es siempre joven, su rareza radica en no haber dejado nunca de construir, desde la Asociación Civil Lola Mora (que fundó en los 80) y desde la Red de Género y Comercio, un pensamiento y una acción feminista ligada a las luchas dislocadoras sin estrellarse con las marquesinas de la trascendencia individual o las ensoñaciones del poder. Su optimismo viene de haber estado ahí donde las cosas se sembraron, y de haber visto que efectivamente algunas cosas sí crecieron, y no por milagro.
Nos reunimos en su departamento en la Ciudad de Buenos Aires para conversar sobre el proyecto Cuidados Comunitarios que realizó la Asociación Civil Lola Mora junto con ONU Mujeres, sobre la actualidad de la organización popular de las mujeres en los barrios populares de la Argentina y sobre la situación del campo feminista, atravesada por lo que Norma llama “la corriente principal global”, encarnada a nivel local por Javier Milei y que tiene a Donald Trump como referente mundial.
¿Considerás que la organización comunitaria que lideran particularmente las mujeres de sectores populares está siendo más atacada en la actualidad, con el gobierno de Javier Milei?
Están golpeando especialmente a los sectores populares con los mecanismos clásicos de cortar los recursos sociales, destruir redes y cuidados comunitarios. Pero el feminismo popular no es el único, todas las diferentes expresiones del feminismo están siendo golpeadas. Y no solo acá.
Yo creo que hay una mirada que siente muy amenazante al feminismo. Porque si hay algo que caracteriza a los feminismos, quizás no a todas las expresiones, son dos acciones: desnaturalizar y cuestionar. Lo que desnaturalizamos es la desigualdad y lo que cuestionamos es la concentración de poder. Empezamos por la deconstrucción de nosotras mismas como mujeres, en relación a nuestros cuerpos, las relaciones de género, las relaciones laborales, nos metemos con las relaciones sociales, con la política, con la economía, cuestionamos los sistemas tributarios y hasta con los sistemas multilaterales y las relaciones geopolíticas mundiales porque nos metemos con el G20, con la OMC (Organización Mundial del Comercio).
Podemos meternos en muchos temas, pero siempre el enfoque va a ser de desnaturalizar las relaciones que parecen obligatorias y de cuestionar a fondo los desbalances y las injusticias. Y eso se choca de frente con todo lo que es la corriente hegemónica política y económica mundial. Hoy el feminismo es una corriente muy cuestionadora, muy amenazante para la economía financiera. Y lo que más se teme es cuando se dan esas articulaciones que empiezan desde los grupos feministas, esas hermandades.
Hoy lo vemos en los barrios con las mujeres que se trenzan en red y se fortalecen unas con otras para poder buscar recursos, atender los comedores, atender las urgencias sanitarias, a los pibes que están en la droga. Hoy eso se golpeó mucho.
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Cuando Norma Sanchís llegó a Quito, Ecuador, en 1977 ya era Socióloga y tenía un hijo. Allí empezó a trabajar “con las indígenas, con las negras”. En Argentina había sido parte de la trama política y cultural de la juventud peronista, no estaba ligada a ninguna organización armada pero un día se la llevaron: “en febrero del 77 estuve en el Club Atlético, pocos días, pero conocí los infiernos, las catacumbas del régimen”. Como muchas otras militantes políticas, la Dictadura empujó a Norma al exilio y si bien ya leía feministas en Argentina, su articulación militante comenzó afuera, donde encontró “mucha solidaridad con mujeres de distintas etnias, clases sociales, de la sierra, de la selva”. Es en esos años, entre 1977 y 1984, que conoce el método feminista de trabajar en constante conexión e intercambio. Era un momento de mucho dinamismo en Perú, “donde estaba Gina Vargas, las Flora Tristán, las Manuela Ramos”, y la organización comunitaria de mujeres era el modo de pensar la política feminista desde una perspectiva popular. Casi 50 años después sigue trabajando para conocer y apoyar los cuidados comunitarios organizados, mayoritariamente, por mujeres.
