En la provincia de Buenos Aires la infraestructura del cuidado es una política de Estado

EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES LA INFRAESTRUCTURA DEL CUIDADO ES UNA POLÍTICA DE ESTADO

El 27 de noviembre Norma Sanchís participó del encuentro “Desafíos y Oportunidades para la Infraestructura del Cuidado. Construir políticas para una Provincia que cuida”, organizado por el ministerio de Infraestructura de PBA en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

En el panel de apertura, el ministro Gabriel Katopodis se refirió al movimiento feminista, heredero de las Madres de Plaza de Mayo, como «el emergente social más importante en décadas en la Argentina». Respecto a la infraestructura del cuidado como política, expresó que «viene a ser como una rueda de repuesto, una tracción  para seguir empujando y enfocando en esta agenda de cómo construimos sociedades del cuidado», y agregó que es importante también para «reconstruir la confianza en un Estado que cuida».

Norma Sanchís participó del panel “Hacia un sistema integral de cuidados” junto a Dora Barrancos, Virginia Franganillo, Lucía de la Vega y Marisa Fournier, que fue moderado por la periodista Florencia Alcaraz.

Norma explicó que los cuidados han cobrado relevancia en la agenda feminista de los últimos tiempos, por un lado, por su oposición a la lógica de la hegemonía neoliberal, individualista, de sociedades injustas y desiguales. Y, por otro, porque «nosotras denunciamos el extractivismo de esfuerzo, de energía, de tiempo que hacen las sociedades, los gobiernos y los mercados del tiempo y del trabajo de las mujeres».

Puso el foco en los cuidados comunitarios, «que hacen a la sostenibilidad de la vida y aportan valor económico en lo que hace a la reproducción de la vida; se mueven en la periferia de los mercados y no responden a una lógica capitalista».

Respecto a la remuneración de los trabajos de cuidados, manifestó que, en el ámbito de la familia, es importante reconocerlos y redistribuirlos, especialmente con los varones, pero que es impensable tratar de cuantificar o valuarlos, por el componente de afectividad. En cambio sí es importante remunerar los cuidados que se dan en la comunidad, «que muchas veces compensan las falencias de un Estado que no alcanza a dar bienestar suficiente a la población ni aplica políticas distributivas».

Para que exista una relación virtuosa entre las organizaciones de cuidados comunitarios y el Estado, este debe reconocer las experiencias y aprender de ellas «incluso para alimentar las políticas públicas» y, por otro lado, debe «regular esa institucionalidad pública no estatal» y reglamentar el trabajo de las cuidadoras comunitarias, caracterizarlo para remunerarlo adecuadamente.

Con respecto a la infraestructura de cuidados comunitarios, el Estado podría ayudar a las organizaciones a tener un espacio propio donde reunirse, hacer el merendero o el comedor. “Promover desde el Estado la infraestructura para espacios de reunión y encuentro fortalece a las organizaciones comunitarias, legitima las acciones colectivas, consolida la identidad grupal, visibiliza el trabajo y transparenta los aportes en la construcción de cuidados”, expresó.

«El sistema capitalista no se puede sostener sin el sistema de cuidados», expresó Dora Barrancos y se refirió a todos los grupos destinatarios de cuidados pero, como punto crítico, a la situación de insolvencia en que están quedando lxs adolescentes de los sectores populares y la problemática del consumo problemático.

Pensando en la infraestructura, propuso fortalecer la existencia de los clubes de barrio y de las iniciativas deportivas y artísticas de las comunidades.

«La infraestructura del cuidado, dijo Virginia Franganillo, es performática porque le da poder a un tema históricamente invisibilizado». El cuidado no es una política, no es un programa: es una forma de vida; es un nuevo orden social. Y agregó que «hace muchos años que la mayor parte de los niños en Argentina son pobres. y eso nos tiene que avergonzar, nos tiene que doler. Y eso tiene que se la prioridad de nuestras luchas. y esos son los cuidados». 

Lucía de la Vega, responsable del área de género del CELS, y una de las coordinadoras de la Cocina de los Cuidados, resaltó la importancia del pronunciamiento de la CIDH sobre el cuidado como un derecho humano. «Si hablamos del derecho al cuidado y lo ubicamos como un derecho humano, lo que es clave, aparece el Estado como responsable y esto es central. Nos da lineamientos para exigirle al Estado.» 

Se refirió luego a los informes del monitor de la Cocina de los Cuidados; para detallar que, de 50 políticas de cuidados nacionales, solo 3 están vigentes. «Vemos el Estado en su retiro tal cual lo conocíamos y sobre todo la puesta en riesgo de la autonomía de las mujeres. No solo económica, también sexual y reproductiva. Y también el rompimiento del tejido social». 

 

Marisa Fournier, docente e investigadora del Instituto del Conurbano de la UNGS, se especialista en cuidados comunitarios. «Cuando se piensa en infraestructura del cuidado tendemos a pensar en los cuidados que se generan adentro: de un hospital, de una casa, de un centro comunitario». Pero «qué pasa con el afuera, con estos tránsitos entre el adentro que cuida y un afuera que queda expuesto a el crimen organizado en los territorios mas vulnerabilizados». 

Respecto a estos espacios, Marisa propuso, más que en la infraestructura del cuidado, «hay que pensar en el cuidado como un eje estructurante de la infraestructura. Qué pasa si pensamos la infraestructura y los servicios públicos desde la perspectiva de los cuidados», se preguntó.

La jornada de trabajo continuó con paneles sobre «Experiencias territoriales», «Experiencias latinoamericanas» y debate en comisiones. 

El video del primer panel puede verse completo aquí:

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