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Norma Sanchís, Dina Sánchez y Claudia Bernazza debatieron sobre los cuidados comunitarios. “Empezar por las últimas para llegar a todes. Economía, cuidados y políticas socio-comunitarias” fue el título de la charla que tuvo lugar el 28 de septiembre, dentro del ciclo Conversaciones feministas, trabajo, economía y políticas públicas.

El Observatorio de Géneros y Políticas Públicas convocó para dialogar sobre el tema a Norma Sanchís (Asociación Lola Mora; la Red de Género y Comercio y compiladora de «Los cuidados comunitarios en tiempos de pandemia y más allá»), Dina Sánchez (Frente Popular Darío Santillán, UTEP) y Claudia Bernazza (diputada nacional FdT); la moderación estuvo a cargo de Marina Mariasch. Como observó Claudia Bernazza, las tres panelistas representaron a la reflexión, la acción y la legislación del tema convocante: los cuidados comunitarios.

Norma Sanchís se refirió a los trabajos de cuidado, responsabilidad que recae por excelencia en las familias y, dentro de estas, en las mujeres, además de los otros pilares que sostienen los cuidados, que son el Estado y el sector privado, para centrarse, por último, en los cuidados en manos de la comunidad organizada, también mayormente a cargo de mujeres, y de igual manera invisibilizados.

“En los territorios, en las barriadas populares, la acción comunitaria cobra un sentido prioritario. Es otra forma de cuidado. Un modo colectivizado del cuidado más allá del círculo familiar primario. Incluso cuando se habla de cuidadoras en general, se habla de los derechos de las trabajadoras de casas particulares. Muy difícilmente se represente la idea de la trabajadora comunitaria. A veces porque estas formas organizativas están poco institucionalizadas, o porque son subsidiarias de políticas públicas y quedan subsumidas en esas políticas, y también porque afectan a ciertos sectores de la población más vulnerables y no a otros estratos de mayores ingresos”.

Norma enumeró algunos aspectos diferenciales de los cuidados comunitarios que, a su modo de ver, “están desafiando barreras que parecen muy consolidadas; de hecho, diluyen la oposición entre lo privado familiar y lo público. Desafían la división tajante generada por el capitalismo, que refuerza la diferencia entre el trabajo reproductivo y el trabajo productivo, entre el trabajo no remunerado de cuidado y el trabajo remunerado para el mercado. También diluyen las barreras entre lo individual y lo colectivo. Hay una dimensión innovadora y rupturista que tiene el espacio de mujeres en el barrio y en el territorio. Sabemos perfectamente, con un poco de experiencia de trabajo en los barrios, que ese trabajo colectivo, ese espacio de encuentro de mujeres es un espacio de empoderamiento, de politicidad para las mujeres. Y también diluye la oposición entre amor y trabajo. A veces se dice “¿Es amor o es trabajo?”. Y, es que son las dos cosas justamente. La mayoría de las organizaciones y el trabajo barrial surgen como trabajo militante, altruista, de empatía, de solidaridad, de compromiso… pero también es trabajo. Y un trabajo muy esforzado que está sustituyendo y complementando lo que la familia por sí sola no puede y donde el Estado no llega o no alcanza.”

Este trabajo invisibilizado, sin embargo, “genera un aporte al producto bruto nacional; es un aporte que empieza a ser reconocido por el ministerio de Economía, muy recientemente gracias a la presencia de feministas en el Estado y por la voluntad política del gobierno es reconocido en el presupuesto nacional que, por primera vez en la historia, se anuncia que incorpora un enfoque de género.  Pero todavía quedan barreras persistentes que son más duras desde nuestra óptica feminista, y las podemos identificar. Son las barreras que se generan por los estereotipos de género, la división sexual del trabajo. Ese núcleo duro que es la raíz de la subordinación de las mujeres. A veces se habla de la necesidad de reconocimiento, de remuneración del trabajo de cuidado en la familia o en la comunidad, pero se soslaya que el núcleo real es la dilución de esos estereotipos de género y de esa división sexual del trabajo. Esto es lo que nos diferencia como enfoque feminista, en mi opinión. Este es un tema que nos interpela como feministas y convoca al Estado, para pensar las políticas sociales y comunitarias que permitan mejorar las condiciones de trabajo y de vida de las cuidadoras comunitarias, como una de las vías para una construcción de un sistema de cuidados de mejor calidad y mayor alcance.”

Dina Sánchez, desde el Frente Popular Darío Santillán y la UTEP, forma parte de estas organizaciones sociales que trabajan a diario para su comunidad y convive con la realidad de los barrios populares, necesitados muchas veces de los servicios más básicos. La crisis de los cuidados, según ella, se hizo explícita a raíz de la pandemia y el aislamiento obligatorio.

“La pandemia puso a la luz cosas que ya venían pasando pero que estaban escondidas. La importancia de las tareas de cuidados, la desigualdad brutal que existe en Argentina. Que ya pasaba antes, pero ahora es mucho peor. Y que algunos empezaron a ver recién con la pandemia. No es lo mismo, claramente, una cuarentena en un barrio privado que en un barrio popular; no es lo mismo el aislamiento para una persona que tiene un trabajo y un salario asegurado, que para una persona que vive en un barrio popular donde no hay agua ni luz, en condiciones de hacinamiento y que muchas veces tiene que inclumplir la cuarentena porque tiene que hacer changas para poder sobrevivir.”

“Dentro de las organizaciones hay muchos trabajadores, pero fundamentalmente tenemos trabajadoras de la economía popular que sostienen las tareas esenciales: desde las ollas populares, las postas sanitarias, la producción y comercialización de alimentos, garantizando que lleguen a nuestros barrios a precios justos y accesibles. También sosteniendo los espacios de acompañamientos en situaciones de violencia, produciendo barbijos, en la recolección de residuos, en la promoción ambiental… Desde nuestro sector venimos peleando por el reconocimiento de las tareas que llevamos adelante las trabajadoras de la economía popular que sostienen las ollas a través de la Ley Ramona, que lleva el nombre de una compañera que falleció en la Villa 31 porque se contagió de covid. Y ella, poco antes de fallecer salió a denunciar la falta de agua en una ciudad tan rica como lo es la ciudad de Buenos Aires.”

Claudia Bernazza es diputada nacional por el Frente de Todos. En la provincia de Buenos Aires trabaja en organizaciones de cuidados comunitarios desde hace décadas y ha presentado numerosos proyectos de ley que impulsan el reconocimiento de los trabajos de cuidados comunitarios.

La diputada recordó que, desde un principio, el decreto del gobierno argentino sobre el ASPO, eximió a los comedores y merenderos comunitarios de la cuarentena. “Muy rápidamente supo el gobierno, porque tiene un corte popular, que este tiempo iba a ser imposible de transitar sin los cuidados comunitarios. Cuidados que van desde lo que hacen nuestras Casas del niño, nuestros comedores, nuestros clubes, en materia de abrazo, en materia de una pedagogía de cercanía, pero sobre todo en lo que hacen en el aislamiento, en materia del cuidado, de ofrecer un plato de comida calentito cada día”. Y agregó luego: “La verdad es que esta pandemia habría sido una tragedia mucho peor si no hubieran estado estas redes de la organización comunitaria”.

“El cuidado tiene estrategias comunitarias porque son esas estrategias comunitarias las que nos educan, nos forman, nos abrazan y resuelven muchas veces aquello que la familia nuclear no puede resolver. Estas redes comunitarias del cuidado que nos acompañan desde el fondo de los tiempos y desde los pueblos originarios.”

“La batalla cultural -dijo Bernazza coincidiendo con las demás participantes-, es lo que nos falta dar. Pero también puede ser empujada por diputadas y diputados que podemos proponer leyes; porque los proyectos de ley agitan. En ese tema en el bloque del Frente de Todos y Todas tenemos un conjunto de diputados y diputadas que venimos de la organización comunitaria barrial o de los movimientos sociales”.

Bernazza también se refirió al proyecto de ley Ramona, que propone que quienes estén al frente de comedores y merenderos comunitarios puedan tener una remuneración por la tarea que realizan. “Y acá quiero traer un principio doctrinario que es lo que comentaba Norma. Lo que estos trabajadoras y trabajadores hacen cada día en estos espacios en los clubes, en las casas del niño, en los jardincitos comunitarios, es amor y es trabajo. Y esto le rompe la cabeza y los esquemas al capitalismo; lo hace saltar por los aires. No hay regla capitalista que pueda contener esto, solo lo contiene un espacio y un proyecto nacional popular comunitario latinoamericano y feminista. Porque si no, no se entiende. El liberalismo y la economía han llegado a reconocer últimamente y a fuerza de lucha feministas, el cuidado. Pero si además les decís que el cuidado es comunitario y si además le decís que eso es trabajo pero que sin el componente del amor es un tipo de trabajo que no sirve, o sea que es trabajo con amor, con pasión, con compromiso, no saben en qué Excel ponerlo.”

Claudia Bernazza, junto a otrxs diputadxs del Frente de Todxs, presentó tres proyectos de ley que van en línea con el reconocimiento del trabajo comunitario que pueden leerse aquí

El Proyecto de ley de Reconocimiento de Respuestas Comunitarias en Niñez y Adolescencia. Exp. 3255-D-2020  explicó, “establece que el Estado, antes de tomar cualquier medida de restitución de derechos frente a situaciones de niñas, niños y adolescentes, antes tiene que ir por la respuesta comunitaria como respuesta preferente. Ir a su encuentro o ayudar a generarla y fortalecerla. Cambia absolutamente el enfoque de las políticas públicas. Y lo que está por debajo del proyecto de ley es comprender que el espacio de lo público tiene actores estatales y actores no estatales o actores comunitarios. Y vamos a dejar de llamarlos “Ongs”, “sociedad civil” y todo ese lenguaje académico y de los organismos internacionales que vienen a tratar de ocultar aquello que es doctrina de nuestro pueblo desde el peronismo y desde mucho antes: somos comunidad organizada. Con ese enfoque, nosotros también somos lo público”.

El segundo proyecto de ley al que aludió es la Creación del Instituto Nacional de las Organizaciones Comunitarias. Exp. 3371-D-2020. “Para que estas organizaciones no tengan que pasar por un infierno de tramitaciones y tener que registrarse en miles de registros para eximirse de ganancias o del impuesto al cheque. Estos trámites engorrosos para presentar los balances económicos, cuando en realidad, este proyecto crea el Instituto del balance social, que es lo que corresponde a estas instituciones. Nosotros generamos productos sociales, no ganancias. Entonces tenemos que presentar balances sociales, no económicos, y esto nos define como sujetos no imponibles para el impuesto a las ganancias.”

Finalmente la diputada se refirió al Proyecto de creación del Régimen laboral del trabajador/a comunitario/a. Exp. 3789-D-2020. “Este proyecto, más ligado al cuidado comunitario, crea un régimen de promoción y regularización del trabajo comunitario, declarándolo de interés público. Y, a partir de esa declaración de interés, postula que el Estado es corresponsable del pago de este trabajo, de sus contribuciones y aportes. Porque el Estado, en sus programas públicos vinculados a ayudas y programas de organismos internacionales de crédito, ha financiado programas que suelen financiar la papa, financiar el pelapapas, pero no financian o tienen en cuenta el salario de quien pela la papa. Y esto no es una casualidad. Es una causalidad que tiene que ver con un enfoque filantrópico conservador que está en el fondo del diseño de los programas de los organismos internacionales. No son las señoras de la beneficencia las que van a venir a trabajar a nuestras organizaciones; es el propio pueblo que se autoorganiza.  Y de hecho, el 80 por ciento de nuestra organización comunitaria se genera en nuestros propios barrios y es donde queremos que se genere. Por eso, en la definición que hacemos de organización comunitaria, pedimos que el domicilio sea un domicilio en territorio y sus fundadores sean del territorio.

Luego de las exposiciones, intervino Marisa Fournier, especialista en el tema de la colectivización de los cuidados, del Instituto del Conurbano y directora de la diplomatura en Géneros, Políticas y Participación de la Universidad Nacional de General Sarmiento.

“Las organizaciones comunitarias son la puerta de acceso a derechos, desde la documentación hasta la educación formal, pasando por la salud. En cada organización comunitaria se reúne un montón de cuestiones que hacen a las necesidades, no solo de las mujeres, sino de los niños y niñas. Entonces poder pensar de un modo feminista y popular y latinoamericano políticas de cuidado implica reconocer el trabajo autogestionado y asociativo de las mujeres y de las y los jóvenes que fueron cuidados en estos centros comunitarios en su infancia como un derecho. Un derecho que debe ser remunerado. Esto es política estatal, porque las mujeres no van a dejar de cuidar. En los barrios no se va a dejar de cuidar. No va a haber un paro masivo porque hay amor, cariño, y hay responsabilidad política sobre la vida”.

Para cerrar el debate, Claudia Bernazza retomó estas palabras de Marisa, con las que se mostró totalmente de acuerdo. Refiriéndose a estas organizaciones de cuidados comunitarios dijo: “somos puerta de entrada a los derechos. A veces se confunden las tareas de cuidado, de restitución de derechos para que un sujeto niñx sea niñx, con la educación. Cuando en realidad, lo que hace una Casa del niñx es que, no solo no compite con la escuela, sino que es su posibilidad. Porque, debido a que el pibe pasa por la casa del niñx, el centro juvenil o el club de barrio, y hay una mesa y una mano que lo ayuda a empujar el lápiz para que haga la letra A, porque pasa por ahí, ese pibe logra ir a la escuela”.

Y concluyó: “Las edades tempranas son un dato biológico. La niñez no es un dato biológico. La niñez se construye con el oficio de la crianza comunitaria. Para criar un niño o niña hace falta una aldea entera, dice un proverbio africano que muchas de nosotras conocemos. Pongamos en el centro de la escena ese oficio sin nombre para darle su lugar, para no confundirlo con otros oficios maravillosos como son los educativos y los oficios que inician a los pibes y pibas en la vida comunitaria y además de reconocerlos démosles las leyes, por una fuerte incidencia del Estado cuando su proyecto de gobierno diga que va por lo comunitario. Eso es una decisión. Por eso decimos: la ternura será ley.”

1 de octubre de 2020

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